was successfully added to your cart.

HUNTER S. THOMPSON. EL SUEÑO AMERICANO PRODUCE MONSTRUOS

“¿Da la impresión de que tengo la mente jodida? Estoy aquí en una preciosa playa de Mexico, he escrito tres libros, tengo un rancho fortificado de cuarenta hectáreas en Colorado. Según todo esto, tendría que recomendar el consumo de drogas. Por supuesto no lo voy a hacer, ni de coña… al menos no voy a recomendar todas las drogas a todo el mundo.”

“Mi principal discusión dentro de la cultura de la droga es las creencias religiosas respecto a ellas. Nunca he creído en ese viaje gurú; ya sabes, Dios, nirvana y toda es mierda opresiva de última moda. A mí lo que me gusta es meterme lo que sea en la calle y ver qué pasa, correr mis riesgos, seguir mi propio ritmo.”

Hunter S Thompson.

Entrevista para Playboy, 1974

Justo diez años antes de las declaraciones a la revista Playboy el ácido todavía era legal en EEUU y el Doctor Hunter S. Thompson era uno de aquellos jóvenes que podías encontrar a diario en San Francisco cursando en pleno viaje. Una etapa estimulante que terminaba a finales de los 60 pero que Hunter alargó hasta que no dio más de sí. Los excesos con el ácido durante la movida de California y sus posteriores años en solitario le señalaban como el candidato número uno en la lista negra para alejarse de la cordura de este planeta, pero parecía que de momento el destino tenía planes pare él. Sorprendente el Doctor, El Duke, salía airoso de una epopeya alucinógena sin igual y comenzaba una de las historias del periodismo más auténticas e inigualables conocidas hasta entonces.

Empezaba la estimulante y consecuente carrera profesional de uno de los escritores más afamados de la historia del periodismo, y EEUU asistía al nacimiento del último dinosaurio de finales de siglo. Una carrera que terminaba el 20 de febrero del año 2005, día en el que Hunter S. Thompson, el padre del periodismo gonzo, el escritor heterodoxo, se volaba la tapa de los sesos con una de sus armas en su rancho de Colorado. La nota que dejó decía lo siguiente:

“No más juegos. No más bombas. No más paseos. No más diversión. No más nadar. 67 años. Han pasado 17 de los 50. Son 17 años más de los que yo quería o necesitaba. Aburrido. Estoy siempre insoportable. No soy divertido para nadie. Te estás volviendo codicioso. Compórtate de acuerdo con tu avanzada edad. Relájate, no te va a doler”.

Como si su tiempo hubiese terminado, como si el sentido se hubiera esfumado con la llegada de los nuevos tiempos. La sociedad había cambiado, y Hunter ya no encontraba su hueco. Como escritor hacía años que había tocado techo.

Retrato de Hunter S. Thompson por Ralph Steadman

Retrato de Hunter S. Thompson por Ralph Steadman

La búsqueda del sueño americano había llegado a su fin para Hunter. La sociedad de las normas, de la tecnocracia había ganado la partida y la nación con la que el doctor había soñado desde que emprendió su viaje se había hundido ¿Qué ofrecía una sociedad gobernada por la austeridad a un verdadero vándalo del periodismo? El periodismo había cambiado, las redacciónes se habían deshumanizado, las drogas, el consumo y la libertad personal reducido a los mandatos de un imaginario gobernado por la doble moral americana.

Muchos de sus amigos lo consideraron un acto valiente. Otros todo lo contrario. Y en medio de un caos generalizado donde Bush conducía el timón del gran crucero yanki a la guerra y a hacia un nuevo mundo, muchos pensaron en Thompson, pero éste ya había decido marcharse para siempre.

Este es un artículo sobre los momentos clave en la vida de Hunter S. Thompson, un breve resumen de sus publicaciones y una pequeña recopilación de los acontecimientos decisivos que influyeron en mayor medida en su trayectoria profesional; un texto testimonial a través de las citas del Dr. Hunter S. Thompson en su búsqueda del sueño americano.

1966,  viajes de ácido con Los Ángeles del Infierno

En una entrevista para la BBC News, un año después de la publicación de su libro sobre los Ángeles del Infierno, declaraba públicamente que la intención del libro no había sido otra que retratar a los integrantes de la banda como personas equiparables a la demás gente. Fracasados, inconformistas; en el resto de la población existen personas a quienes les gustaría tener el reconocimiento y reputación que estos tienen, y sin embargo no lo consiguen. Esta era la premisa, y siempre hubo un telón de fondo.

“Algunos tienen la cabeza lo suficientemente amueblada como para comprender su situación. No saben cómo afrontarlo pero, los que poseen cierta capacidad de elección, empiezan a darse cuenta de que se acercan a los treinta y que todas su opciones empiezan a agotarse. Cuesta más conseguir trabajo, cuesta más hacer nuevos amigos, y casi todo es más difícil. Así que cuando cumplen los treinta es como la confirmación de que o van a la cárcel, o se estrellan con una moto o alguien les dispara. Los más jóvenes lo dejan.”

Espíritu Gonzo, por Ralph Steadman

Espíritu Gonzo, por Ralph Steadman

Antes del encargo, antes de que todo ocurriera, Hunter sobrevivía como podía escribiendo sobre cualquier tema que le proporcionara algo de dinero, siempre cerca de una máquina tipográfica. Un día el teléfono sonó:

“En ese momento estaba sin blanca, escribiendo ficción y viviendo en un apartamento bastante apañado en San Francisco… El alquiler era sólo de cien dólares al mes -esto fue en 1965, alrededor de una año antes de que empezara la locura de Hight-Ashbury- y recibí una carta de Carey McWilliams, el director de The Nation, que decía: – ¿Nos puedes escribir un artículo sobre los Ángeles del Infierno por cien dólares?- Eso era lo que costaba el alquiler y me sentía más o menos preparado para regresar al periodismo, así que contesté: -Claro. Por cien dólares haré lo que sea.-

Trabajé en él alrededor de un mes. Me costó un esfuerzo equivalente a tres mil dólares y no me lo pagaron. Unas seis semanas después de que el puto artículo saliera publicado tenía el buzón lleno de ofertas para que hiciera un libro.”

El libro Los Ángeles del Infierno veía la luz el año 1966. Un ejercicio de sociología pop donde se enfrentaban las dos caras de una misma moneda, el lado conservador de un país inmerso en plena guerra fría y el lado contestatario de una generación que se negaba a seguir las reglas de un modelo entumecido. Hunter convivió una larga temporada con la banda de motoristas más peligrosa del planeta y sobrevivió para contarlo.

(para leer más sobre bandas moteras fuera de la ley pincha aquí)

1968-1970, de la Convención Nacional Demócrata de Chicago a la candidatura como Seriff de Aspen. La Muerte del sueño americano

¿Por qué te presentaste a Sheriff?

“Acababa de volver de la Convención Demócrata de Chicago y unos polis violentos me habían golpeado sin ningún motivo. Me habían dado con una porra en el estómago y había visto a gente inocente golpeada sin sentido alguno. Unos meses después eran las elecciones por la alcaldía de Aspen y en la ciudad había un abogado que lo estaba haciendo bastante bien en los casos locales de derechos civiles. Se llama Joe Edwards. Le llamé una noche y le dije: – No me conoces y yo a ti tampoco, pero tienes que presentarte para alcalde. Todo el puto sistema se está descontrolando. Si esto sigue así nos van a enchironar a todos. Tenemos que meternos en política, aunque sólo sea en defensa propia-. Este tipo era motorista, un cabecilla y un bicho raro, en la misma línea que yo. Me dijo: – Lo haré. Vamos a mandar a la mierda a esos cabrones-.”

Entrevista para Playboy 1974.

 El puño Gonzo de dos pulgares

El puño Gonzo de dos pulgares. Cartel de candidatura a sheriff de Hunter S. Thompson

Como cuenta en la entrevista a Playboy , Hunter acudió como periodista a la cumbre de la Convención Nacional Demócrata en 1968 . Cinco años antes el presidente Kennedy había sido asesinado en Los Angeles. En Chicago, la multitud reclamaba en la calle de forma manifiesta la instauración de los derechos civiles en EEUU, y Chicago era el detonante de años de propuestas, de cambios, de ruptura y protestas frente a las conservadoras y racistas leyes americanas de entonces, y la bomba estalló.

Las cargas policiales cayeron sobre los manifestantes y las palizas avaladas por el alcalde de la ciudad se repartieron generosamente. Aquello simbolizó para Hunter la muerte del sueño americano. La represión, la barbarie del sistema pisoteaba el ideal que durante años quería redirigir el rumbo EEUU hacia los pilares de su fundación, a sus orígenes. Hunter vio con sus propios ojos las cargas en Chicago.  La brutalidad asesinaba casi de una estocada a la utopía de los 60.

“Fui testigo de al menos diez palizas en Chicago. Peores que cualquier cosa que haya visto hacer a los Ángeles del Infierno. Me fui en un estado de angustia e histeria, convencido por lo que había visto, de que el sueño americano se suicidaba a golpes”.

Hunter S. Thompson retratado como Sheriff por Ralph Steadman

Hunter S. Thompson retratado como Sheriff por Ralph Steadman

La desilusión, la indiganación, la pérdia, el escepticismo y la ira. Algo cambió en Hunter tras las cargas de Chicago. La política comenzaría a formar parte de su vida. De las motos pasó al activismo político. Y en 1970, tras unos dos años de discordia, el Doctor Hunter se presentaba a sheriff de Aspen, una pequeña localidad de Colorado donde la rutina parecía hacer posible otro modelo de vida.

Las principales medidas de Hunter S. Thompson como candidato a sheriff en Aspen fueron estas:

1. Prohibir los edificios altos que taparan el paisaje.

2. Cambiar el nombre de Aspen por Ciudad Gorda. Esto evitaría que los codiciosos , violadores de tierras, y otros chacales humanos capitalicen con el nombre Aspen. Estos cerdos deberían ser jodidos, destruidos y echados de la tierra.

3. Será la filosofía general de la oficina de sheriff que ninguna droga que valga la pena tomar pueda ser vendida por dinero. Mi primer acto como sheriff será tener en el prado del tribunal un potro, a fin de castigar a los traficantes deshonestos con una fórmula pública apropiada.

El sheriff que fumaba marihuana, el candidato que apostó por la trasparencia de un discurso honesto aparecía por primera vez en escena como el peligro número uno de demócratas y republicanos. A la alta política le sudaba la frente al ver cómo las proposiciones indecentes del periodista más canalla de la patria hablaba sin tapujos, y lo que al principio pudo parecer un chiste de mal gusto dejó de tener gracia.

La popularidad y las políticas de Hunter calaron entre un sector de la ciudadanía que demandaba cambio. Habían saltado todas las alarmas. La máquina del poder se puso en marcha a toda velocidad y las campañas contra Hunter se multiplicaron. El día de la votación conservadores de toda índole llevaron a votar a familiares que nuca habían visto un mesa electoral, ancianos en sillas de ruedas y desaforados de la política.

Hunter perdió por 173 votos a 204. Esta fue su declaración tras la derrota:

“Bueno… desafortunadamente el resultado mostró lo que me dispuse a demostrar… y fue más un punto político que una elección local… que el sueño americano realmente está muerto. Cometimos el error de pensar que el público estaba preparado para una campaña política honesta”.

Tras las elecciones prohibieron presentarse a candidato a cualquier tipo que pudiera representar una amenaza como la del doctor.

El Derby de Kentucky. Nace el periodismo Gonzo

Nace el periodismo Gonzo en la carrera de Kentucky, 1970

Nace el periodismo Gonzo en la carrera de Kentucky, 1970

Cubriendo el derby de Kentucky Hunter S. Thompson conoce a su amigo e ilustrador Ralph Steadman. El encargo de la editorial era sencillo, cubrir de forma objetiva un evento deportivo, una carrera de motos, pero para Thompson y Ralph ese no era exactamente el modelo a seguir.

En su historia no se narró sólo el evento deportivo de unos pilotos intentado llegar a la meta. En ella aparecían todos los perfiles de una sociedad secreta, todas las actitudes, todas la miradas. El deporte se convertía en el haz de direcciones donde se encontraban los diferentes personajes públicos de ese momento. Se hicieron protagonistas de la noticia, y la narración cambió para siempre la perspectiva del periodismo clásico. Ese día nacía un nuevo registro, el Gonzo.

Lo que iba a ser una fotografía mimética de la escena se convirtió en una transposición subjetiva del evento que se tradujo en 60 páginas donde se narraba con todo tipo de detalle lo que allí había ocurrido, todo lo que la retina del narrador había visto y todo lo que su inteligencia pudo interpretar.

El periodismo gonzo “es algo que surgió de un reportaje sobre el derby de Kentucky para la revista Scalan. Tenía uno de esos horribles plazos contra reloj e iba fatal de tiempo. Estaba desesperado. Ralph Steadman ya había hecho las ilustraciones, la portada estaba imprimida y faltaba el hueco de las entrevistas. Yo estaba seguro de que era mi final, la mente me había estallado, no podía trabajar. Así que empecé a arrancar páginas de mi cuaderno, las numeré y se las envié al impresor. Estaba convencido de que era el último reportaje que iba a escribir para alguien. Después, cuando se publicó, hubo un bombardeo de cartas, llamadas telefónicas, felicitaciones, gente que decía que era un gran avance para el periodismo. Yo pensé: -Me cago en la puta, si puedo escribir así y salir airoso, ¿por qué sigo intentando escribir como el New Yor Times?-. Fue como caer por el hueco de un ascensor y aterrizar en un estanque lleno de sirenas.”

Miedo y asco en las vegas. La búsqueda continúa.

Ilustración de Ralph Steadman para Miedo y Asco en las Vegas

Ilustración de Ralph Steadman para Miedo y Asco en las Vegas

La novela más popular de Thompson es sin duda Miedo y Asco en las Vegas, donde el autor narra la delirante cruzada psicodélica que protagonizó junto su abogado chicano en busca del santo Grial americano. Un viaje a las profundidades del ser humano más allá de los límites de la mente y las reglas. Dos guerreros combatiendo desde dos trincheras diferentes en un mismo espacio, uno con la pluma y otro con la ley, envueltos en un arsenal de drogas de todo tipo y nuevo periodismo. Decálogo de Hunter S. Thompson:

Decálogo de El último Dinosaurio, El Gallo Negro 2013.

Nixon, la última estocada

A comienzos de 1970 Hunter S. Thompson veía como el último latido del sueño americano quedaba sepultado para siempre bajo las garras del poder fáctico. El espíritu juvenil de cambio del 68, enterrado. Las muertes de Martin Luther King y Kennedy acababan con los sueños de muchos jóvenes que creyeron poder cambiar el mundo.

Por entonces la popularidad y los buenos trabajos del doctor le habían otorgado buena reputación, por la que fue contratado a tiempo completo para cubrir la campaña de McGobern, candidato demócrata a la presidencia de los EEUU. Hunter se trasladaba a Washinton.

Nadie lo reconoció en la campaña. El anonimato lo mantenía en silencio, y después de todo, parecía que podría penetrar sin mayor problema en la actividad política del país. El objetivo de su trabajo era encontrar un presidente honesto. Para Hunter Nixon representaba todo lo peor. El anonimato duró una publicación.

Dibujo de Ralph Steadman. Nixon podrido

Dibujo de Ralph Steadman. Nixon podrido

El único representante a quien se vinculaba Hunter era a George Mc Gobern. Éste promulgaba la retirada inmediata de las tropas de Vietnam, el recorte en el presupuesto de defensa y derechos iguales para las mujeres.

La estrategia de Hunter fue la siguiente. Expandir el rumor de que el candidato demócrata con quien Mc Gobern se disputaba el puesto consumía una droga que se llamaba Ibogaine, suministrada por un misterioso médico brasileño. La acusación era tan extraña que pareció real, lo que generó interés y cierta espectación en los medios de comunicación.  El público lo tomó tan en serio que el mismo Hunter tuvo que desmentirlo y reconocer que lo que había puesto en sospecha no era más que un rumor.

La campaña de Hunter tuvo su recompensa y su candidato electo ganó. Pero poco después los problemas internos del partido demócrata hacían estragos en la opinión pública, algo que el país norteamericano no perdona. El vicepresidente tuvo que retirase, y el escándalo terminó por otorgar la victoria a Nixon, que se convertía el presidente de los EEUU en 1969.

Hunter se retiró desilusionado. El sueño americano volvía perderse, y ya iban unas cuantas. Esta fue su declaración tras la victoria de Nixon:

“Este puede ser el año en el que finalmente nos enfrentemos con nosotros mismos, finalmente dar un paso atrás y decir que realmente somos una nación de 220 millones de vendedores de autobuses usados con todo el dinero que necesitamos para comprar armas, sin el más mínimo problema respecto a matar al resto del mundo que trata de incomodarnos.”

Hunter S. Thompson era fanático de las armas casi tanto como de las drogas

Tras Mc Gobern y su candidatura para sheriff parecía que Hunter nunca más volvería a la política. Pero apareció Jimmie Charter y su discurso de ética sobre la influencia de poder de los jueces y los abogados en el sistema judicial estadounidense. Hunter se sumó rápidamente a la nueva corriente y se propuso apoyar la candidatura a través de sus artículos para la revista Rolling Stone. Dicen que la campaña de Hunter ayudó a que el candidato demócrata ganara las elecciones.

La fama de Hunter estaba por la nubes. Su libros sobre los Ángeles del Infierno, Miedo y Asco en la Vegas, sus campañas políticas y los artículos para la revista Rolling Stones lo habían convertido en el periodista más popular de Estados Unidos. Y eso se traducía en una de las máximas de finales de siglo XX, sexo, droga y rock and Roll. Era como una estrella de rock pero periodista. La fama lo llevó a perder definitivamente el control.

En 1974 los logros de Hunter eran casi insuperables ¿Qué nuevo reto podía encargarle una editorial? Lo mandaron al Zaire a cubrir un combate de boxeo que para muchos está considerado como uno de los mejores de la historia, Mohamed Ali VS Foreman. Quizá no fue una buena idea. Una vez allí, acompañado de su amigo Ralph, llamó al camello, y poco antes de comenzar el combate regaló las entradas y se bajó a la piscina del hotel a beber alcohol mientras flotaba en una colchoneta. Nunca entregó el articulo. Era su primer fracaso, y el primer síntoma de que había tocado techo. No era capaz de escribir a la altura de sus antiguos trabajos, y para mediados de los setenta Hunter parecía haber perdido aquello que le llevó como periodista a las primeras líneas, la escritura.

Se retiró a Florida y compró un bote para navegar. Su vida continuó. Escribió grandes artículos y concedió entrevistas, y el tiempo pasó, la vida continuó.

El Dr. Hunter S. Thompson; el periodista más villano de EEUU

El personaje que Hunter había creado a través de sus artículos se había apoderado de él. Estaba completamente vinculado al estilo de vida de su personaje. Realidad y ficción se abrazaban para convertirse en una sola persona, y para escapar sólo existía una manera, acabar con el personaje.

En el año 2001 Bush ganaba las elecciones. El tormentoso acontecimiento fue quizá el último gran golpe a la utopía patriótica de Hunter, que se volaba la cabeza el 20 de febrero del año 2005. Tenía 67 años.

Posiblemente en el mundo ya no había lugar para él. Posiblemente pensó que ya no tenía mucho más que aportar. Desde luego no fueron pocos quienes creyeron que era justo entonces cuando el mundo necesita más que nuca a Hunter S. Thompson, pero la realidad era que ya no estaba. Hacía tiempo que había decidido marcharse y tenía su despedida preparada al detalle, el funeral donde sus amigos le darían el último adiós.

En su rancho de Colorado un monumento recuerda al Doctor Thompson. Desde ahí, un cilindro enorme que se levanta hacia el cielo con un imponente puño gonzo de color rojo en la punta lanzó las cenizas de Hunter S. Thompson a más de 150 metros de altura para expandirlos por el valle. Las cenizas se esparcieron por todo el área. Todos sus amigos acudieron a despedirse del último dinosaurio del periodismo, tal y como él había pedido que fuese. Johnny Depp pagó el funeral, y de fondo sonó su canción favorita, Mr. Tambourine Man, de Bob Dylan.

“Estimado Hunter. Ha pasado más de una año desde que estableciste la escena para tu raramente planeado suicicio.

Los mensajes que recibí de tu parte hasta la elección de Bush/Kerry de 2004 estaban infectados con un sub-tono terrible.  -Si Bush gana-, dijiste, -el planeta está condenado-.

Cuando tiraste del gatillo de tu magnum 44, mi primera reacción fue decir: -ya era hora. He estado pensando hacer eso durante años.- Nunca fuiste razonable y sabías que a pesar de tu espíritu vagabundo no eras invencible.

Los que llegaron a ser una amenaza para tu EEUU siguen floreciendo. Para ti era la victoria o el túnel del fuego. Matar. Sólo quería que te quedaras para capturar esa belleza del mal absoluto. Pero nos dejas con un plano viejo amigo.

Discútelo con los dioses. Avísanos qué pasa. Ralph”

Leave a Reply